domingo, 19 de abril de 2015

Los primeros momentos de la revolución de 1868

La revolución de septiembre de 1868 dio lugar en España a un periodo conocido como el Sexenio Democrático, que trajo consigo una larga serie de medidas gubernamentales encaminadas a cambiar las relaciones entre la Iglesia y el Estado. 

Los acontecimientos que dieron lugar al triunfo del alzamiento en Cádiz son bien conocidos[1]. Uno de sus protagonistas, el demócrata jerezano José Paúl y Angulo, que pronto se declararía republicano, publicó en 1869 su versión de los hechos en una serie de artículos periodísticos, que con el título de “Memorias íntimas de un pronunciamiento", trataban de demostrar  la activa participación de los demócratas en el levantamiento[2]. Con todo lo que pueda tener de parcial, su relato muestra cómo, desde el principio, cada uno de los partidos políticos implicados en el levantamiento tenía una idea diferente de la revolución (y, por ende, de la política secularizadora a desplegar) y hacía todo lo posible para que su líder respectivo fuera el que diese el primer paso. 

JOSÉ PAÚL Y ANGULO

A principios de septiembre de 1868 el general progresista Juan Prim, exiliado en Inglaterra, comunicó a Paúl su intención de salir con un vapor desde Londres hacia Canarias, donde recogería los generales unionistas (Serrano, Dulce...) para marchar a continuación todos juntos hacia Cádiz para alzarse allí contra el Gobierno. 

EL GENERAL PRIM 

Pero,  Paúl y Prim cambiaron los planes y decidieron que el segundo desembarcase en Gibraltar, con el  pretexto de evitarse el viaje de ida y vuelta a Canarias. Con esta decisión demócratas y progresistas pretendían hacerse con la situación antes de que llegasen los generales unionistas a Cádiz. 

El unionista Adelardo López de Ayala pensó que abortaba la estratagema anterior cuando comunicó a Paúl que le parecía más conveniente que un barco fuese a Canarias y otro a Londres. Paúl se mostró de acuerdo y puso a Ayala en contacto con el capitán Ramón Lagier. Los unionistas no sabían que Paul y Lagier estaban de acuerdo en hacer todo lo necesario para retrasar la llegada de los generales de Canarias. Como afirma en sus memorias, los unionistas “echaron sus cuentas”, pero no contaron “con los vientos, el mal tiempo y sobre todo la voluntad del republicano Lagier”.

Paúl y sus copartidarios demócratas decidieron la salida de un nuevo vapor, el Buenaventura, propiedad de Lagier,  que fuese directamente de Londres a Gibraltar, donde Prim embarcaría en la goleta Ligera que lo llevaría a Cádiz. 


RAMÓN LAGIER

Prim llegó a Cádiz el día 16 de septiembre por la noche, acompañado por los progresistas Ruiz Zorrilla y Sagasta. Antes de ponerse en contacto con el unionista Juan Bautista Topete, capitán del puerto de Cádiz, que encabezaba el alzamiento de la Armada, lo hizo con el coronel progresista José Merelo, jefe del Regimiento Cantabria, de guarnición en la ciudad, así como con Paúl, el también demócrata Francisco Lizaur y el capitán retirado Manuel Sánchez Mira, que ya por entonces se declaraba republicano. 



TOPETE
Todos ellos conferenciaron en la fragata blindada Zaragoza con Topete, el cual confirmó que ese mismo día, ya 17 de septiembre, a las 12 del mediodía se produciría el pronunciamiento de la Escuadra. La señal acordada era una salva de cañón, pero ésta no se produjo. Paúl se trasladó a la Zaragoza para pedir explicaciones a Topete, el cual le comunicó que se habían producido dificultades para maniobrar los buques a fin de poner las piezas de artillería en dirección a la ciudad y facilitar que se hiciera visible la salva. Es difícil creer que esa fuera la verdadera explicación. Topete estaba al corriente de la proximidad del vapor Buenaventura, procedente de Canarias, y trataba de ganar tiempo. Al fin, se vio obligado a ceder y a la una del mediodía del 18 de septiembre dio la orden de romper el fuego a la escuadra, dando los vivas reglamentarios de ordenanza a la reina, que fueron apagados inmediatamente por otros de “Viva la Libertad” y “Viva la Soberanía Nacional” pronunciados por Prim. 

FRAGATA BLINDADA "ZARAGOZA"

Poco antes, el gobernador militar de Cádiz, Joaquín de Bouligny, había informado al obispo fray Félix, de haber declarado el Estado de Guerra, en vista de los alarmantes rumores que circulaban sobre próximos trastornos del orden público[3]. 


BOULIGNY

       Durante la tarde del día 18 el coronel Melero sacó las tropas del Regimiento Cantabria que, acompañadas por algunos civiles demócratas de la ciudad, entre los que destacaba el futuro diputado Rafael Guillén Martínez, además de Carlos Haurie y el capitán Sánchez Mira, se reunieron en la plaza del Ayuntamiento con grupos de paisanos de Cádiz comandados por Fermín Salvochea y Gumersindo de la Rosa, a los que se añadieron otros procedentes de Jerez y el Puerto de Santa María, al mando de José Paúl y Angulo y Ramón de Cala. Las tropas y los civiles tomaron el edificio municipal y marcharon a continuación, tras agregárseles los carabineros del resguardo de tierra y mar, a ocupar la próxima Casa Aduana, sede del Gobierno Civil, lo que hicieron sin resistencia. El deseo de los demócratas de quedarse de guardia en el edificio y la negativa de Melero, estuvo a punto de provocar un grave enfrentamiento[4]. Queda claro con este hecho, o al menos es lo que Paúl quería dar a entender, que los demócratas pretendían impedir con su participación activa que el alzamiento fuera interpretado como un pronunciamiento militar más de los típicos en la España del siglo XIX y quedase patente la participación popular en el mismo.


SEDE DEL GOBIERNO CIVIL
ACTUALMENTE ALBERGA LA DIPUTACIÓN PROVINCIAL 

        En la madrugada del 18 al 19 se constituyó la Junta Revolucionaria Provisional de Cádiz en los locales del recién destituido Ayuntamiento. A primeras horas de la mañana del 19 de septiembre la banda de música del Regimiento Cantabria interpretó el Himno de Riego en las galerías de las casas consistoriales. A las siete de la mañana, una vez consolidado el alzamiento, desembarcaron Prim y Topete al frente de una columna de desembarco de Infantería de Marina, con bandera y música, entre manifestaciones de fervor popular. Por la tarde llegó el general Francisco Serrano (natural de San Fernando, al lado de Cádiz) y los demás generales desterrados en Canarias[5].

EL GENERAL SERRANO

Se iniciaba el Sexenio Democrático, un periodo en que los sucesivos Gobiernos irían promulgando una larga serie de medidas legales de corte laicista que darían lugar a unas relaciones conflictivas entre el Estado Español y la Iglesia Católica.  



[1]  Además de su inclusión en la historiografía general, tratan sobre estos hechos varias monografías locales. Entre ellas: 
  • HERRÁN PRIETO, J.,  La Gloriosa en Cádiz: de la Revolución de 1868 a la Constitución de 1869, Cádiz, Fundación Municipal de Cultura, 1986, pp. 31-70. 
  • MORENO APARICIO, I., Aproximación histórica a Fermín Salvochea, Diputación Provincial de Cádiz, 1982, pp. 31-54. 
  • PARRILLA ORTIZ, P., El Cantonalismo Gaditano, Ediciones de la Caja de Ahorros de Cádiz, Cádiz, 1983pp. 33-52 y 
  • PUELLES, F. de,  Fermín Salvochea.  República y anarquismo, Sevilla, 1984, pp. 44-5
[2]  El Pacto Federal, números 22 a 28 de 7 a 13 de julio de 1869.
[3]  Archivo Diocesano de Cádiz, legajo número 168, carpeta “Autoridades Militares”. Oficio del gobernador militar al obispo de fecha 18 de septiembre de 1868: Ilmo. Sr.: En vista de los alarmantes rumores que con insistencia circulan de próximos  trastornos del orden público en la provincia de mi mando y habiendo resignado el suyo en mi autoridad el gobernador civil, he declarado esta plaza y su provincia en estado de guerra. Lo que tengo el honor de decir a V.S.I. para su conocimiento, acompañándole el  bando que he dictado en la mañana de hoy. Dios guarde a V.S.I. muchos años. Cádiz 18 de septiembre de 1868”.
[4]  El Pacto Federal, número 53, 7 de agosto de 1869.
[5]  Ibídem.

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martes, 14 de abril de 2015

Fundación del Cementerio de los Ingleses de Cádiz

Desde que en 1680 se determinó que todos los barcos que iban de España hacia América debían salir exclusivamente del puerto de Cádiz y sobre todo desde el traslado de la Casa de la Contratación de Indias en 1717, la ciudad se convirtió en un importante lugar de tránsito y residencia de numerosas personas procedentes de otros países. No parece necesario aclarar que, no obstante, la incidencia del protestantismo en la ciudad tenía que ser forzosamente muy escasa. 

En 1791 se confeccionó en la ciudad una “matrícula de extranjeros” cuyo fin era obligar a los foráneos residentes a convertirse al catolicismo en caso de practicar otra religión. Según dicha matricula, en Cádiz vivían 5161 extranjeros, de los cuales solo 126 varones se declararon protestantes, cantidad que ascendía a 146 si  se contaban sus esposas e hijos. Dos años después, en 1793, tenía lugar la expulsión de la ciudad de todos los protestantes, quedando obligados los residentes extranjeros a profesar la religión Católica. No obstante, no cabe duda que una ciudad como Cádiz, con una colonia extranjera importante, debido a su carácter comercial, debía albergar un número relativamente significativo de protestantes encubiertos. 

Es probable que, en el caso de los ingleses, la intolerancia religiosa en su contra se templara de alguna forma a causa de su importante colaboración con España durante la contienda contra Napoleón. Esa circunstancia pudo pesar en la decisión de Fernando VII, que el 13 de noviembre de 1831 dio el primer paso para que se pudieran constituir cementerios anglicanos en España, con la promulgación de una real orden que expresaba que no había ningún impedimento para que los ingleses adquirieran terrenos para edificación de camposantos. En Cádiz, el 28 de noviembre de 1832, el gobernador militar cedió al cónsul de S.M. Británica cien varas de terreno en extramuros, con destino a un camposanto para los ingleses protestantes. 

Pero la inauguración del cementerio de los ingleses no se llevó a cabo hasta diez años después, en noviembre de 1842, cuando un nuevo obispo anglicano llegó a Gibraltar. Se trataba de George Tomlinson, que se había formado en Cambridge, donde fundó, en 1820,  la sociedad secreta Los Apóstoles de Cambridge. Después de ordenarse sacerdote en 1822, fue entre 1831 y 1842 secretario de la Society for Promoting Christian Knowledge (Sociedad para la Promoción del Pensamiento Cristiano).


    
GEORGE TOMLINSON, 
ANTES DE SER OBISPO DE GIBRALTAR

Era el primer obispo anglicano de la Diócesis de Gibraltar (también denominada Diócesis de Europa, pues, con su catedral en Gibraltar -La Santísima Trinidad- abarca Marruecos, Europa, Turquía y la Antigua Unión Soviética), que acababa de ser creada el 29 de septiembre de ese mismo año. El retraso que se observa entre los momentos en que Fernando VII aprobó la edificación de cementerios (1831) y el cónsul británico en Cádiz compró los terrenos correspondientes (1832), por una parte, y la consagración del cementerio de Cádiz (1842), por otra, se justifica probablemente en que se estuvo esperando la llegada de una autoridad religiosa de nivel adecuado para practicar la consagración.

The Ecclesiastical Gazette. Or monthly register of the affairs of the Church of England, and of its religious societies and institutions, from July 1842 to June 1843, núm. 54 del vol. V, London, Charles Cox, 1843,  en su número correspondiente al 13 de diciembre de 1842 (páginas 119 a 125 del volumen), comunicaba que el obispo había sido entronizado en Gibraltar el día 6 de noviembre y había hecho notar en su sermón que la iglesia Anglicana era una "rama integral de la iglesia Católica".

Respecto a esta última afirmación, hay que decir que se trata de un punto de vista defendido siempre por los anglicanos. Por ejemplo, William Gladstone, primer ministro de Inglaterra entre 1868 y 1874, decía que la Iglesia de Inglaterra era una “rama nacional de la Iglesia Católica” (En COWLLING, M., Religion and public doctrine in modern England, Volume II: Assaults, Cambridge University Press, 2003, p. 80). Actualmente, la Iglesia Anglicana Federal se define como Católica, aunque no romana, y Evangélica, aunque no protestante.

El nuevo obispo estuvo en Cádiz entre el 10 y el 24 de de noviembre de 1842. El mismo día de su llegada, consagró el nuevo cementerio destinado a los ingleses. La ceremonia se efectuó en privado, pues así lo ordenaba la real orden que autorizaba los cementerios, que prohibía además que se erigiese iglesia o capilla y que se exhibiesen símbolos religiosos. 


La Gaceta Eclesiástica hacía un comentario que resulta muy significativo de los problemas habían estado teniendo los no católicos a la hora de ser enterrados en Cádiz:  

"It will be a source of consolation to the friends of those who may be buried here to think that their bodies will now be suffered to rest in consecrated ground, instead of being, as formerly, thrust perpendacularly into a hole in the shore bellow high-water mark"


(“Será un motivo de consuelo para los amigos de aquellos que puedan ser enterrados aquí -en Cádiz-, pensar que sus cuerpos descansarán ahora en suelo consagrado, en vez de ser, cómo hasta ahora, arrojados en la playa dentro un hoyo por debajo del límite de la pleamar”).

Tomlinson, nacido en 1794, seguiría ejerciendo como obispo de Gibraltar hasta su fallecimiento en febrero de 1863, precisamente el mismo año que fray Félix María de Arriete y Llano era elevado a la silla episcopal de Cádiz .




NÚMERO DE LA GACETA ECLESIÁSTICA QUE NOTICIA 
LA CONSAGRACIÓN DEL CEMENTERIO DE LOS INGLESES EN CÁDIZ

El cementerio de los ingleses se ha mantenido abierto hasta los años ochenta del siglo XX, tras diversas vicisitudes, que serán relatadas en próximos artículos. 

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TAMBIÉN EN MI ARTÍCULO (PDF, DESCARGA GRATUITA):
http://e-spacio.uned.es/fez/eserv/bibliuned:ETFSerieV-2012-24-6065/Documento.pdf

viernes, 3 de abril de 2015

Rule y la primera misión protestante de España


   La apertura  progresista iniciada en 1835, que culminó con la promulgación de la Constitución de 1837, propició la aparición de evangelizadores protestantes en España. Mientras en otras localidades de la península no se llegaba mucho más allá de distribuciones de las Sagradas Escrituras sin notas explicativas, inmediatamente reprimidas por las autoridades, el pastor metodista William Harris Rule fundaba en Cádiz la primera misión protestante de España.


WHILLIAM H. RULE

     

       Rule, nacido en 1802, se convirtió al metodismo con 20 años y decidió entonces estudiar para ser maestro de escuela y hacerse misionero. En marzo de 1826 fue enviado a Malta y en 1832 se le ordenó que pasase a Gibraltar, a donde se trasladó tras efectuar una visita previa. Con la ayuda de su esposa, el metodista abrió escuelas gratuítas de niños en Gibraltar   

     Elo misionero metodista estuvo visitando en 1833 varias localidades del sur de España. Más tarde, entre el 16 y el 18 de mayo de 1836, pasó por Cádiz para comprobar las posibilidades de predicar el Evangelio. Comprobó que en los doce últimos meses habían pasado por el puerto gaditano 253 buques ingleses y 79 norteamericanos, que habían transportado 2400 y 902 tripulantes respectivamente, los cuales permanecían en la ciudad entre dos y seis semanas. Añadiendo a ese número el de los protestantes extranjeros residentes, tanto en Cádiz, como en el Puerto de Santa María y Jerez, y teniendo en cuenta que “la única observancia religiosa era el rezo de oraciones y el sermón en el Consulado”, estimaba necesario que un misionero “pastorease el descuidado rebaño”.

     Aunque Rule había visitado Málaga y Granada, pensaba que “las puertas (...) no estaban tan claramente abiertas en ninguna de aquellas ciudades como en Cádiz”. Para lograr su objetivo se entrevistó con el gobernador, Pedro Urquinaona y Pardo, abogado liberal que en su opinión tenía fama de defensor de la libertad religiosa, y este no le puso ningún impedimento para que organizase una misión

     En principio, pretendía que el apostolado se dirigiera exclusivamente a los extranjeros, que “se estaban haciendo totalmente indiferentes a la religión y se habían acomodado gradualmente a la idolatría y costumbres inmorales del lugar”. Pero la cita sugiere que el clérigo veía el terreno moral en que se movían los gaditanos como propicio para ser abonado con una nueva fe. Tras su corta visita regresó a Gibraltar y envió un maestro a Cádiz, James Lyon, que comenzó su labor en 1837, abriendo una escuela y predicando todos los domingos a bordo de los barcos surtos en el puerto gaditano. Pero a los seis meses de su llegada, Lyon había aprendido castellano y  estaba preparado “para proceder más directamente en sus labores misionales”, extendiendo su predicación a los gaditanos. Los domingos acudía un número reducido de personas a los rezos  y algunos niños iban a la escuela a aprender a leer.

    La misión metodista de Cádiz fue, en palabras de Rule, “La primera organización de una institución protestante en España”. Era consciente de que este hecho no podía ser observado por los católicos con indiferencia: “Los clérigos murmuraron, amenazaron y no ahorraron esfuerzos para alarmar a los pocos que participaban en las reuniones”.

    Un cambio de gobernador trajo a Cádiz al conde de Clonard, mucho más conservador que Urquinaona, que ordenó el 28 de enero de 1838 el cierre de la escuela metodista. Una Real Orden negaba a Lyon la posibilidad de ejercer como maestro. Rule partió hacia Madrid el 14 de marzo para intentar arreglar la cuestión, consiguiendo, a través de las gestiones del embajador inglés, que el Gobierno suspendiese por el momento el cierre de la escuela.

EL CONDE DE CLONARD

    Rule conoció en la capital de España a George Borrow, que  el 30 de marzo envió una carta a la Sociedad Bíblica de Londres en la que describía al metodista como “un caballero que me ha interesado mucho, de cuyo celo, piedad y discreción me he formado la opinión más elevada”.

GEORGE BORROW

   Según Rule, entre los meses de abril de 1838 y  1839 la misión metodista conoció los momentos de mayor auge. Rule decía al respecto en sus memorias: “Mi misión había conseguido un extraordinario grado de aceptación entre los habitantes de Cádiz y la mayor parte de los miembros del Ayuntamiento declaró mostrarse muy favorable a mis procedimientos”. Pero lo cierto es que las dificultades no acabaron durante ese periodo. Una real orden fechada el 19 de mayo de 1838 prohibía la difusión de textos sagrados protestantes. Lyon había reanudado las clases en abril, pero a pesar de que lo había hecho de forma discreta en su domicilio particular, recibió la orden del gobernador para que cesara todas sus actividades. Lyon salió para Gibraltar el 27 de junio de 1838 y Rule decidió regresar a Cádiz, lo que hizo  el 20 de julio, instalándose su domicilio en la calle del Camino número 72. Abrió dos escuelas en la calle del Calvario número 144, colocando al frente, para no tener problemas con las autoridades, a dos maestros españoles, José María Pérez y Josefa Cordero.

     La opinión de Rule sobre la aceptación de su misión en Cádiz era excesivamente optimista. El Clero de la ciudad, encabezado por el obispo, la atacó duramente desde el púlpito y la autoridad municipal se mostró igualmente combativa contra el pastor. El 31 de marzo de 1839, el cuarto teniente de alcalde, Alsásua, publicó un artículo en el periódico El Tiempo, denunciando que la escuela y misión metodistas eran ilegales y peligrosas, y “anunciando una guerra religiosa”, si no se tomaban medidas. El 7 de abril de 1839 recibió Rule  del alcalde, Juan Pablo Gómez, la prohibición de mantener celebraciones religiosas. El 23 de abril de 1839 el Gobierno entregó a la legación británica en Madrid una comunicación en la que se decía que Rule había tratado de propagar sus doctrinas en Cádiz “con criminal tenacidad”. La reina confirmaba las medidas tomadas, para “evitar los males  que podrían resultar a España de permitir que los gérmenes de la discordia se introdujeran en el país”, e insistía en la necesidad de evitar que en el futuro se introdujeran en las escuelas “las doctrinas que esta secta fanática tan seriamente se esfuerza por esparcir”. El  19 de mayo de 1839 se prohibía la impresión, importación y venta de textos sagrados.

      A principios de 1840 hubo un último intento de reavivar la misión metodista de Cádiz. Rule volvió a enviar a James Lyon, que instalado en la calle del Puerto, comenzó a celebrar de nuevo reuniones, tanto entre los británicos como entre los gaditanos, y a impartir de nuevo clases, poniendo a cargo de la escuela a la maestra Antonia Rodríguez. Rule decidió volver a Cádiz para  visitar su “pequeño rebaño”, pero Alsásua entró en la casa expulsando a los reunidos. Detrás de su actuación estaba el obispo de Cádiz, fray Domingo de Silos, que informó al gobernador civil de que, enterado de que “se había introducido nuevamente en esta religiosa ciudad un predicador protestante de la secta de los metodistas, encargó al teniente de alcalde que averiguase la existencia de “semejante sectario” (Lyon). El gobernador ratificó los actos de Alsásua y se lo comunicó al obispo, esperando que los hechos servirían para aquietar su “piadoso ánimo (...) justamente alarmado con el tenaz empeño con que algunos fanáticos estrangeros (sic) intentan quebrantar la unidad religiosa de la católica nación española”. Cuando las autoridades de Cádiz iban a detener a Rule, este ya estaba de regreso en Gibraltar.


EL OBISPO DOMINGO DE SILOS

     La evangelización protestante en Cádiz quedó relativamente estancada después de la fracasada tentativa de Rule. Pero el pequeño núcleo establecido por el metodista no desapareció. Durante 1841 mantuvo correspondencia semanal con los disidentes gaditanos y realizó dos visitas a Cádiz

      Un hecho importante para los ingleses residentes en Cádiz se produjo en noviembre de 1842, cuando un nuevo obispo anglicano, George Tomlinson, llegó a Gibraltar. Entre el 10 y el 24 del mismo mes estuvo en Cádiz y aprovechó su visita para consagrar el nuevo cementerio. La ceremonia se efectuó en privado, pues así lo ordenaba la real orden que autorizaba el camposanto, que prohibía que se erigiese iglesia, capilla, o cualquier símbolo religioso. Decía la Gaceta Eclesiástica de la Iglesia de Inglaterra, sobre el nuevo cementerio: “Será un motivo de consuelo para los amigos de aquellos que puedan ser enterrados aquí -En Cádiz-, pensar que sus cuerpos descansarán en suelo consagrado, en vez de, cómo hasta ahora, ser arrojados en la playa en un hoyo bajo el nivel del mar”

    Habría que esperar a 1869 para ver de nuevo a los protestantes evangelizar con cierta tranquilidad en Cádiz. Aunque como veremos, su labor no resultaría nada fácil a pesar de la declaración de la libertad de Cultos: ni las autoridades, ni la generalidad de la población harían sencillo ser protestante en Cádiz. Pero esto es una cuestión que dejaré para otro momento.   



REFERENCIAS EMPLEADAS:

La Voz de la Religión, época cuarta, tomo III, Madrid, Imprenta de la calle del Humilladero, 1840, pp. 49-50.
The Ecclesiastical Gazette. Or monthly register of the affairs of the Church of England, and of its religious societies and institutions, from July 1842 to June 1843, Vol. V, London, Charles Cox, 1843.
BODDAERT, N., “Una presencia tolerada en el Cádiz del siglo XVIII: Los protestantes extranjeros”, en Cuadernos de Ilustración y Romanticismo, 1 (1991), pp. 37-54.
BUSTOS RODRIGUEZ, M., Cádiz en el sistema atlántico. La ciudad, sus comerciantes y la actividad mercantil (1650-1830), Cádiz y Madrid, Servicio de publicaciones de la Universidad de Cádiz y Sílex, 2005, pp. 106-115
GIMÉNEZ, A., “La escuela metodista de Cádiz”, en Anales de la Universidad de Cádiz, 2 (1985).
KING SHORTER, C., George Borrow and his circle, Boston and New York, Houghton Mifflin Company, sin fecha.
MORGADO  GARCÍA, A.,  La Diócesis de Cádiz de Trento a la desamortización, Cádiz, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2008.
QUERO MORENO, J. M.,  El Protestantismo en la renovación del sistema educativo de España. Tesis doctoral dirigida por Juan Bautista Vilar, Madrid, Universidad Complutense, Facultad de Filología, 2008.
RULE, W. H., Memoir of a mission to Gibraltar and Spain. London, John Mason, 1842, pp. 191-348.
VILAR, J, B., Intolerancia y libertad religiosa en la España Contemporánea. Los orígenes del protestantismo español actual, Madrid, Istmo, 1994.

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